Aunque nos hicimos ‘amigos’ en Facebook hace un par de años, al escritor Jhemy Tineo lo conocí en persona recién en la FIL Lima 2026. Allí presentó su libro Culebra, el tercero de su producción tras Los sacrificios de la carne (ganador del Premio José Watanabe 2021 en la categoría Cuento) y Los restos de la piel (finalista del Premio Clarín de Novela 2024).
Después de un apretón de manos –y para entrar en calor– le pregunto por la nueva ubicación de la feria en Santiago de Surco, pensando que Tineo se uniría al coro de los desencantados.
“Creo que este lugar es ideal para quienes vivimos al sur de la ciudad –aclara con entusiasmo, apuntando a la entrada principal de la feria, junto a la vía de Evitamiento–. El carro nos deja aquí, en la puerta. ¡Ya nos tenía que tocar!”.
Para Jhemy Tineo, la historia de Culebra comenzó con una inocente petición dentro de casa. Su hijo, pequeño todavía, aprendía a leer en el colegio y le pidió que le escribiera un cuento para niños, un relato sencillo que quería compartir después con sus compañeros de aula.
El padre aceptó el reto, pero el escritor terminó imponiéndose. Lo que nacía como un cuento iba a convertirse en una novela breve sobre un drama persistente en la sociedad peruana: el embarazo adolescente.

Adolescentes de todas partes
Intenté dar forma a un relato para entrar en el mundo de la lectura, recuerda el autor. Sin embargo, después de varios intentos “no me salió una historia exactamente para niños, sino una aventura para adolescentes” en la Amazonía peruana, acota, para confirmar que la literatura siempre encuentra caminos.
El protagonista es ‘Culebra’, un muchacho de quinto de secundaria que acaba de embarazar a su enamorada. El personaje no sabe cómo enfrentar el peso de una responsabilidad que llegó demasiado pronto.
Busca respuestas en la iglesia, pide un milagro, consulta a un chamán y va de un episodio a otro donde se mezclan humor, incertidumbre y desesperación. La vida está hecha de contrastes y la narrativa de Tineo recoge atinadamente esa oposición: mientras ‘Culebra’ procura mantenerse a flote, su entorno no tiene tiempo para contemplaciones y celebra San Juan como solo se hace en la Selva. La tragedia individual recarga su peso a solas.
Tineo insiste en que nunca quiso escribir “un manual de conducta”. «No busco lo moral. Lo que busco es un trabajo literario a partir de una realidad sumamente complicada», sostiene.
Esa precisión es importante. El embarazo entre adolescente aparece en Culebra no como un pretexto para impartir lecciones, sino como el conflicto humano que sostiene la narración. Solo después pueden surgir reflexiones pedagógicas o éticas. «Primero lo literario. Y a partir de lo literario evoquemos todo lo demás», resume.
Quizá por eso sonríe cuando los lectores destacan dos rasgos constantes de su obra: el entretenimiento y el humor amazónico. Lejos de incomodarlo, considera que allí reside parte de su apuesta narrativa. Recuerda una frase de Tolstói con la que sostiene sus argumentos: Hay que contar nuestro pueblo. Y contando a nuestro pueblo, te abres al universo.
En su mirada, la Amazonía no es un territorio periférico, sino un lugar desde donde pueden narrarse conflictos universales. «Ha crecido demasiado rápido», dice sobre ‘Culebra’, pero podría estar hablando de miles de adolescentes, tanto de una comunidad amazónica como de cualquier barrio de Lima. Después de todo, problemas como ese «ocurren en todas partes».

“Lo que resalta es la obra”
Tineo no rehúye la etiqueta de «escritor amazónico». Mientras otros artistas prefieren desprenderse de cualquier clasificación geográfica, él responde con naturalidad: «A mí me encanta la denominación ‘escritor amazónico’, porque no hay nada más hermoso que sentirse orgulloso de la Amazonía».
Sin embargo, establece el foco del diálogo hacia lo que considera verdaderamente importante. «Lo que debe resaltar es el texto, la obra». Las etiquetas podrán variar; la literatura permanece. Su preocupación no es cómo lo nombren: “Como escritor, me interesa que la obra les diga algo a los lectores”
Los resultados parecen darle la razón. Su irrupción en la narrativa fue inesperada: Los sacrificios de la carne obtuvo el Premio José Watanabe Varas en 2021 cuando todavía era un autor inédito. Después, en 2024, Los restos de la piel alcanzó la condición de finalista del Premio Clarín de Novela, un reconocimiento poco habitual para un escritor peruano.
Durante mucho tiempo prefirió guardar silencio sobre esos logros. «No lo decía por modestia, por humildad», admite. Hoy ha decidido contarlos porque siente que Culebra marca un nuevo punto de inflexión: el libro formará parte de la colección ‘Vientos del Pueblo’, del Fondo de Cultura Económica (FCE), lo que permitirá que circule no solo en el Perú, sino también en países como Colombia, Argentina y México.
«Este libro tiene algo muy especial porque a partir de este libro también me van a leer en Colombia, en Argentina, en México», dice con alegría.
Aunque recientemente anunció que dejaría de publicar por un tiempo, la afirmación necesita precisiones. Lo que piensa suspender no es la escritura, sino la publicación de sus textos. Y será temporal.
Escribir es un hábito imposible de abandonar. «Es un vicio, como el fútbol». Continúa trabajando todos los días, antes y después de su jornada laboral, consciente de que en el Perú la literatura suele escribirse «en los tiempos que sobran al trabajo». Vivir únicamente de los libros sigue siendo una excepción. «No, en Perú no se puede».
Hay, además, una superstición que gobierna discretamente su carrera. Habla de los «dioses amazónicos». Ellos le enviaron tres señales: el Watanabe, la final del Clarín y ahora Culebra en el FCE. Le pregunto si honestamente cree en los dioses amazónicos o si, en sentido figurado, se trata de una cábala. Jhemy Tineo responde con la única certeza que parece acompañarlo desde el principio: «Simplemente escribo y espero».
(FIN/Ensayo General)
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