Una distopía en el futuro en torno a la clonación de seres humanos, un reencuentro angustioso entre un agresor y su víctima en el presente y una agonía rodeada de recuerdos y nostalgia en los años 80, hacen de ‘Cáscaras’ un tríptico dramático potente.
La más reciente obra de Eduardo Adrianzén funciona como un espejo de tres cuerpos donde el espectador puede mirar-se desde distintos ángulos y hacer preguntas: la libertad, el poder, la venganza, el perdón, la resignación, la dignidad. En suma, la condición humana.
Para Adrianzén, la dramaturgia no se nutre del artificio o la especulación vacía.
Al contrario, “todo lo que hago tiene que ver siempre con la realidad –explica en ‘Ensayo General’–; (al escribir) hago links mentales y emocionales con el mundo, con las cosas que nos han tocado vivir y sus circunstancias».

Ese cable a tierra permanece firme incluso al abordar premisas de corte futurista como en ‘Capón’, el primero de los tres actos de ‘Cáscaras’, el que da inicio a la función en el Auditorio Británico: un laboratorio en penumbras, una cápsula de clonación, un hombre calato.
“Tú puedes ambientar una historia en el planeta Saturno en el siglo 300 y aun allí tienes que entablar un vínculo con los espectadores del hoy –asegura–. Porque si no consigo crear ese link, entonces, ¿para qué escribo un relato? Para eso, mejor redacto un ensayo».
Esta exigencia de dialogar con la realidad atraviesa prácticamente toda la producción de Adrianzén, sin importar el marco temporal o geográfico en que se inscribe la ficción que lleva a escena. Y cuando toca temática histórica, con mayor razón todavía: el pasado alienta la reflexión y la acción del presente.

Teatro: un ritual colectivo
Más allá del texto y los recursos de la escenografía, la validez del teatro reside en el hecho presencial y comunitario.
Frente al aislamiento de las pantallas y la soledad detrás del teclado, Adrianzén –dramaturgo, guionista, profesor– defiende la puesta en escena como un acto ceremonial de encuentro afectivo entre actores y público.
El espíritu del teatro es “este ritual bonito en el cual tú invitas a gente para que salga de su casa, se tome el trabajo de tomar un micro, un colectivo, un taxi, su propio auto, un scooter, que no se quede viendo Netflix en el dormitorio y venga a vernos a un local”.
Entonces –continúa– tú ofreces una experiencia de comunicación: “Vamos a contarte una historia para que te emociones en vivo, delante de unos actores y entre todos nosotros, y generes una experiencia emotiva que funcione, porque aquí (en el teatro) estamos juntos».
En esa apuesta por la emoción colectiva reside el sentido final de su oficio: «Y eso implica cuidar tu dramaturgia, cuidar la manera de contar».

‘Cáscaras’ –aquello que va al tacho de la basura cuando se vacía el contenido comestible, pero también lo que cobija mientras el fruto crece y madura– estará en cartelera hasta el 31 de agosto en el Auditorio Británico de Miraflores.
Las notables actuaciones de Rodrigo Chávez y Giovanni Arce merecen un comentario aparte.
(FIN/Ensayo General)
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