En una calle del distrito limeño del Rímac, una brigada de vacunación toca puertas casa por casa. Buscan bebés que aún no han sido vacunados. Algunas madres aceptan; otras miran por la ventana y no abren.
Cada puerta cerrada podría ser un niño desprotegido frente a enfermedades prevenibles que el país logró controlar durante décadas, como la tos ferina y el sarampión, males que regresan de forma peligrosa.
Si esta situación se da en Lima Metropolitana, el problema es mucho más difícil en las regiones del interior del país, por las barreras geográficas, las diferencias culturales y el aumento de la desinformación de las noticias falsas de los antivacunas.
Los niños menores de cinco años son los más vulnerables y dependen completamente de la protección que brindan las vacunas. Su sistema inmunológico aún está en desarrollo y, frente a virus altamente contagiosos como el sarampión, una infección puede derivar en complicaciones graves o incluso la muerte.
Cuando las coberturas bajan, ellos son los primeros en quedar expuestos El reciente brote de tosferina en el Perú, que ha causado la muerte de decenas de niños, vuelve a poner en evidencia los riesgos de una vacunación incompleta en la primera infancia.
Después de la epidemia de la covid-19, se ha dado un fenómeno global: el retroceso en la cobertura de inmunizaciones. El Minsa reconoce que, en el 2025, a nivel nacional, la cobertura de inmunizaciones de la primera dosis de la vacuna contra el sarampión alcanzó 82 %, valor inferior al 95 % recomendado para garantizar la inmunidad colectiva y prevenir la reintroducción del virus del sarampión. En lo que va del 2026 se confirmó la presencia de dos casos de esta enfermedad, en medio de brotes activos en las Américas.
También es grave el caso de la tos ferina. En el 2025 la Gerencia Regional de Salud de Loreto confirmó el fallecimiento de 52 niños. Las defunciones se concentraron en niños y niñas residentes en la cuenca del río Chambira (provincia de Datem del Marañón), zona de difícil acceso en la Amazonía.
Este reciente brote pone en evidencia los riesgos de una vacunación incompleta en la primera infancia.
“Las brechas de protección de nuestra infancia hoy se están mostrando con enfermos y muertos, no con estadísticas. No estamos hablando de cifras abstractas, sino de niños reales que están desprotegidos frente a enfermedades que el país ya había logrado controlar”, señala Víctor Zamora, exministro de Salud, investigador y especialista en salud pública.
La desigualdad también es social. Niñas y niños que viven en hogares pobres tienen menos probabilidades de completar su esquema de vacunación. A ello se suma la desinformación y la creciente desconfianza hacia las vacunas, alimentadas por rumores y discursos antivacunas en redes sociales. “El agua potable y la vacuna son las dos herramientas que más vidas han salvado en la historia de la humanidad”, remarca Zamora.
El escenario ha cambiado. Hoy la población infantil se concentra en los círculos de pobreza que rodean a las grandes ciudades; las madres de familia trabajan y no están en sus hogares y hay mucha desinformación, por lo que es necesario reeducarnos para poder ampliar la cobertura de niños protegidos.
El sarampión es el virus más contagioso de la superficie terrestre, advierte el especialista, tras precisar: “La gente no sabe por falta de información; las familias no pueden vacunar a sus hijos por problemas de acceso a los servicios; y en otros casos los padres no quieren vacunarlos por desconfianza o desinformación”.
“Hoy no basta con tener vacunas disponibles; necesitamos recuperar la confianza de las familias y dialogar desde un enfoque intercultural y comunitario”, sostiene el doctor Zamora, quien agrega que, si bien el Perú, durante años, fue reconocido como un país pionero en la cobertura de vacunación –por sus campañas de barrido–, hoy es necesario cambiar de estrategia.
Reducir brechas
Las brechas territoriales profundizan el problema. Regiones como Loreto, Ucayali, Puno, Huancavelica y Madre de Dios registran coberturas muy por debajo del promedio nacional. En algunos distritos amazónicos, menos de la mitad de los niños accede a vacunas clave como la pentavalente o antipolio. Las dificultades de transporte, la falta de cadena de frío y la escasez de personal sanitario siguen siendo barreras estructurales.
“En comunidades rurales y amazónicas, vacunar implica recorrer ríos durante horas o días. Sin logística ni presupuesto suficiente, el derecho a la salud se vuelve una promesa incumplida”, explica María Elena Martínez, exdirectora Nacional de Inmunizaciones del Ministerio de Salud (Minsa) del Perú, con experiencia en trabajo territorial.
“Estamos ante un riesgo alto. Ya tenemos un primer caso de sarampión y seguimos con casos de tos ferina”, afirma, tras precisar que se ha pasado de una estrategia de vacunación preventiva a una estrategia de bloqueo vacunal. “Y eso es apagar incendios.”
La licenciada Martínez agrega que muchos padres no están convencidos de la vacunación porque estas enfermedades ya no se ven y creen que no existen. Ese es el caso específico de la poliomielitis, enfermedad que dejaba secuelas físicas y neurológicas en las personas. En el Perú, el último caso de polio se produjo en 1991 y afectó a un niño nacido en el hospital de Pichanaki que no recibió la vacuna a tiempo.
Martínez, quien dirige brigadas de vacunación en distritos de Lima, como el Rímac, comenta que las brigadas de vacunación recorren casa por casa para intentar frenar la propagación de enfermedades como la tos ferina y evitar la reaparición de brotes de sarampión, una de las infecciones más contagiosas.
“Vacunar a un bebé puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte; la vacuna es la única herramienta que puede salvar muchas vidas si se aplica a tiempo”, remarca la especialista.

La desinformación
Durante la pandemia de la covid-19, grupos antivacunas ganaron visibilidad en redes sociales. Videos, cadenas de WhatsApp y publicaciones en plataformas digitales difundían –y lo siguen haciendo– argumentos pseudo científicos que cuestionan la seguridad de las vacunas y alimentan la desconfianza en la medicina.
El exministro de Salud Víctor Zamora considera que hay un debilitamiento de la cobertura de vacunación a nivel global. Especialmente por el impacto que ha tenido la pandemia entre los detractores o grupos antivacunas.
“Han creado una imagen de que las vacunas no son realmente protectoras, que son vehículos para una diversa cantidad de falsas concepciones, ya sea religiosas, pseudocientíficas o simplemente mentiras que han debilitado la credibilidad del efecto benéfico que la vacuna tiene”, agrega.
Esto lo confirma el testimonio de una madre a quien llamaremos María. Ella es mamá de una niña de seis años que no tiene su esquema de vacunación completo. Explica que ha vivido toda la vida en el campo y nunca se ha vacunado y que ha visto en internet información que alerta que las vacunas no previenen, sino que enferman.

En opinión de Zamora, la situación que se vive en el Perú con el brote de tos ferina y la llegada del sarampión es muy complicada, por el contexto político electoral y porque la desinformación también puede causar pánico, por la falta de liderazgo y de gestión.
Explica que hay padres y madres cuyos hijos sin vacunas pueden tener ronchitas o fiebres y no saben distinguir los síntomas de las enfermedades. Sobre esos sospechosos hay que hacer pruebas de laboratorio, informar, medicarlos y hacer cercos epidemiológicos.
“Un grupo de ellos van a necesitar ser hospitalizados. Otro grupo requerirá cuidados intensivos. Las familias van a necesitar ayuda posterior a la muerte, requerirán un soporte social porque las vamos a tener que encerrar para proteger a los demás”, detalla.
En el mismito sentido, la licenciada Martínez agrega que la desinformación ha afectado en esta baja cobertura porque los padres tienen miedo; muchos han escuchado la noticia de que Estados Unidos ha retirado vacunas porque son peligrosas.
Recuerda que antes los padres hacían colas para vacunar a sus hijos, pero la realidad ha cambiado. Hoy, un porcentaje mínimo de padres de familia tiene interés en las vacunas, sólo acceden a la vacunación cuando el personal de Salud se lo dice.
“Es necesaria una campaña nacional que determine que la vacunación es una prioridad y que el sarampión mata, que los niños se pueden morir, que los niños pueden tener secuelas, tienen que verlo en la comunidad, en los medios de comunicación para que lleven a vacunar a sus hijos”, enfatiza.
Mientras las brigadas sanitarias recorren barrios tocando puertas, la pregunta que enfrentan las autoridades es simple, pero urgente: ¿Cómo recuperar la confianza en una de las herramientas que más vidas ha salvado en la historia de la salud pública?
(FIN) Ensayo General







