En ‘La Generación Perdida’, María Claudia Villar Feijoo toma riesgos para construir la realidad distópica de una Lima del futuro. En perspectiva, la pugna entre ‘humanos’ y ‘oscuros’ no es otra cosa que el resultado de las tensiones no resueltas en una sociedad excluyente y discriminadora.
En el estilo de las sagas contemporáneas, los personajes de este relato –un clan formado por jóvenes ‘humanos’, ‘oscuros’ e ‘híbridos’– “están lidiando como pueden contra una situación en la que son víctimas constantes, porque no pertenecen ni a un bando ni a otro y ambos lados los ven como enemigos”.
Sin intenciones de vaticinio, la primera novela de Villar puede leerse también en clave de llamado de atención “antes de que sea demasiado tarde”, una advertencia en torno a las ‘profecías autocumplidas’ de las que la humanidad ya ha tenido noticia.
María Claudia Villar (Lima, 1996) estudió diseño de modas en el instituto CEAM y en 2020 realizó un curso especializado en moda, fotografía y tecnología en España. Fue durante la incertidumbre de la pandemia que descubrió en la escritura un refugio ante lo inesperado.

Espíritu crítico
Tras la aparición de ‘La Generación Perdida’ (Euforia, 2025), una de las primeras lectoras le comentó a Villar, en confianza: “Tú eres todos los personajes de la novela, es decir, todos tienen algo de ti”. En cierta medida, es verdad: los protagonistas comparten con ella cierta actitud rebelde frente a una realidad que agobia.
“También me inspiré en gente que conozco”, explica María Claudia a ‘Ensayo General’. “Mi referente inmediato es mi grupo de amigos”, observa, para luego resaltar una característica de la generación delineada en su novela: “Las personas aguantan hasta un límite; luego se rompen”.
Seguidora de las aventuras de Percy Jackson, Cazadores de Sombras y Los Juegos del Hambre –entre otras–, María Claudia se preguntaba cómo lucirían historias similares en escenarios como los de Lima, una ciudad diversa y polifónica. Con ‘La Generación Perdida’, ella misma contestó su inquietud.
“No soy experta en política, pero escribí este libro desde mi punto de vista –manifiesta la autora, precisando un argumento para el talante intenso de su primer relato–. Tengo 28 años de vida y no he visto hasta hoy, por ejemplo, un presidente del que yo pueda decir: Me siento orgullosa de esta persona”.
Huir y esconderse
En ‘La Generación Perdida’ se percibe algún tono de desesperanza, si no de desesperación. Los personajes “están siempre huyendo o escondiéndose; y como ya no consiguen de qué vivir, empiezan a involucrarse en las drogas, en la violencia callejera, en el crimen”.
“Los excluyen a tal punto que se están volviendo violentos. Pero, ¿qué más se espera que hagan?”, agrega, a modo de justificación para el temperamento que van adquiriendo los personajes de su relato.
Villar confiesa que su idea “nunca fue hacer una historia sobre personajes heroicos”. En el fondo, parece no creer en la bondad absoluta en medio de una sociedad que se autoconstruye a partir de intereses.
“En una situación límite, todos van a pensar en salvarse a sí mismos y a los suyos”. El heroísmo no calza con el egoísmo cotidiano al que estamos acostumbrados. Si busco la salvación solo para mí y el bienestar solo para los míos, sin importar los demás, ¿no es esa la visión del villano?, cuestiona.
Por ahora, no ha encontrado respuestas para esa pregunta.
(FIN/Ensayo General)

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