‘La literatura del fútbol: Mario Vargas Llosa y Universitario de Deportes’

Escribe: Osmar Gonzales Alvarado (*)

Fútbol y sociedad: el juego de las identidades

Las identidades futbolísticas también son identidades culturales. Nacen en contextos específicos, dentro de un lenguaje más o menos compartido, en medio de tradiciones y costumbres, y expresan el tiempo en el que actúan. Por eso, aunque tienen un fundamento común que permanece en el tiempo, no son identidades estáticas ni permanentes, sino que se adaptan al mismo tiempo que expresan las coordenadas sociales de su momento y lugar. A veces para bien, a veces para mal.

En el fútbol peruano hay dos identidades culturales/futbolísticas básicas: Universitario de Deportes y Alianza Lima, los compadres-rivales. Mientras el primero es persistencia (la garra), el segundo es fiesta (la quimba). Cada uno nació en un nicho específico de la estructura social de la vida peruana de inicios del siglo XX. La «U» en el ámbito universitario de clase media-alta y Alianza en el ámbito popular-trabajador. No obstante, la «U» amplió su identidad a los sectores trabajadores mestizos, mientras que Alianza ha llegado a recabar hinchas en los sectores medios y sociales altos. Al fin y al cabo, ambos clubes representan las hinchadas más importantes del Perú.

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La barra crema es una de las hinchadas más importantes del Perú. Foto: Agencia ANDINA/Vidal Tarqui.

Fútbol, guerra y religión

El fútbol es mezcla de dos actividades fundamentales de la humanidad: la guerra y la religión, que, vistas con detenimiento, son —o deberían ser— opuestas.

Desde la estrategia bélica, cada equipo de fútbol identifica con claridad al enemigo (el clásico o el eventual), al que tiene que vencer por honor y a cualquier costo, porque esa es su misión. Es como la defensa de sus dominios y de un orgullo labrado por la historia.

Asimismo, cada club tiene sus gritos de guerra e himnos, y edifica su altar de precursores, fundadores y héroes: aquellos que lo dieron todo por los colores de su camiseta y su escudo. Recuerda y rememora jornadas míticas, y cada gol que se consigue anotar es como un misil directo al corazón de la defensa rival. Por eso mismo, y en sentido contrario, también establece con claridad la lista de desertores y traidores que no pueden volver a vestir sus sagrados colores.

Desde el sentimiento religioso, el fútbol también constituye colectividades. Al final de cuentas, religión viene de re-ligar: reunir, unir voluntades para un fin sagrado. Los abrazos entre los jugadores después de una anotación revelan ese espíritu que los identifica. Los brazos en alto es un agradecimiento a los cielos y a los dioses (sagrados o profanos) por alcanzar las alturas de la victoria.

Muchos futbolistas ingresan al campo de fútbol persignándose y mirando al cielo, pero también lo hacen por estar llenos de cábalas, con la creencia de que así les irá mejor en el partido. Igualmente, las vitrinas con las copas ganadas y las fotos de los jugadores legendarios son como una especie de santo altar de cada equipo que ayuda a reactualizar el mito y la fe.

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Teodoro ‘Lolo’ Fernández es el icono de Universitario de Deportes . Foto: ANDINA

Los intelectuales y el mundo del gol

Los equipos de fútbol también tienen a sus intelectuales, a sus propios sujetos de letras e ideas. Del mismo modo que las clases sociales producen a sus intelectuales orgánicos, o las organizaciones políticas a sus ideólogos, en el fútbol son ellos quienes legitiman a los clubes ante la sociedad, tendiéndoles un manto de seriedad y racionalidad.

Al mismo tiempo, los intelectuales se rinden ante la magia de la alegría que proveen el gol y el triunfo, así como se sumen en el pesar y la frustración por la derrota. Son como cualquier hincha. El amor por un club es un sentimiento que iguala y democratiza: la aristocracia de la inteligencia queda de lado ante la euforia o la tristeza colectivas. En suma, lo que no se puede negar es que el sentimiento desbordado de ser hincha de un equipo también lo pueden tener los sujetos de la razón: el corazón también les late aceleradamente por las emociones que les ofrecen sus equipos particulares y el fútbol en general.

Quizá la vinculación más destacada en el Perú entre el fútbol y el mundo intelectual es la que construyeron el novelista Mario Vargas Llosa y Universitario de Deportes. El autor nunca ocultó su identidad con la «U» y el fútbol en términos amplios; pero el club no había tomado ninguna iniciativa para relevar ese vínculo, al menos hasta el año en que la directiva «merengue» decidió nombrarlo socio honorario de la «U» un recordable 2 de febrero de 2011.

Esa noche, a estadio Monumental lleno, Vargas Llosa, como no podía ser de otro modo, ofreció unas palabras breves, pero cargadas de emoción, con las que expresó el profundo cariño que sentía por su equipo:

«Agradezco con todo el corazón este homenaje que me hace el club asociándome como socio honorario. Este es el más emocionante homenaje que he podido recibir. La U es mucho más que un club de fútbol: es un mito, una leyenda, una tradición, una de las más hermosas historias que ha escrito el deporte peruano».

            Precisamente, a partir de este hecho, tres hombres profesionales de la palabra escrita analizan desde diferentes disciplinas esa aparentemente inextricable relación que se puede construir entre el intelectual y el fútbol.

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El nobel Mario Vargas Llosa fue un apasionado de Universitario de Deportes. Foto: ANDINA/Vidal Tarqui.

Tres reconstrucciones de una relación amorosa

En efecto, el historiador Arnaldo Mera, el periodista Gonzalo García Bedon y el crítico literario Agustín Prado, en un pequeño volumen titulado La literatura del fútbol. Mario Vargas Llosa y Universitario de Deportes (Animal Siniestro, 2025), movilizan sus recursos discursivos y reflexivos (cuando no su hinchaje, al menos dos de ellos) para ofrecer al lector un panorama, sencillo pero informado, de la trayectoria de Vargas Llosa y su interés por el fútbol.

            Mera Avalos (integrante de la Trinchera Norte también) reconstruye con detenimiento cómo los periódicos de la época informaron el nombramiento de Vargas Llosa como socio honorario de la «U». En su exposición nos muestra los matices que afloraron en las maneras de dar a conocer el hecho, según cada uno: con entusiasmo, con gelidez informativa, con severa imparcialidad, con mayor o menor número de espacio y líneas, etcétera. El dato curioso que revela Mera Avalos es que, el mismo día que la «U» hacía socio honorario a Vargas Llosa, en España lo distinguían como marqués. Suponemos que lo primero fue lo más importante para él.

            García Bedon, periodista dedicado a la historia del fútbol y autor de cuatro libros sobre Universitario de Deportes, toma aspectos de las notas autobiográficas de Vargas Llosa (El pez en el agua) para ir desbrozando el proceso de uno con lo otro. El escritor jugó de muy niño un partido con la camiseta crema. Conoció a Alberto «Toto» Terry, uno de esos héroes de los que hablábamos líneas arriba, creando un sentimiento que los éxitos literarios no opacaron jamás. En España, el peruano se hizo hincha de Real Madrid, también conocido como el equipo merengue.

            Por su parte, Prado Alvarado, crítico literario, profesor en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos e investigador de las letras hispanoamericanas, analiza y nos permite descubrir las diferentes formas en que aparece el fútbol en los textos de Vargas Llosa. Desde lo biográfico hasta lo literario, el estudio de Prado Alvarado es sencillo de entender. Nos sorprende cómo en obras como Los cachorros y La tía Julia y el escribidor, o en su programa televisivo de los años 80, La torre de Babel, el fútbol siempre está presente, aunque sea en un segundo plano, como contexto, pero como irremediable expresión de la profunda afición futbolística del escritor peruano más global.

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Uno de los autores, Arnaldo Mera, la noche de la presentación. Foto: Difusión.

La literatura del fútbol

El volumen La literatura del fútbol es de formato pequeño, de bolsillo, y está pensado para promover el gusto por la lectura a partir de hechos que, aparentemente marginales, nos dicen mucho de la sociedad, de quienes la habitan y de aquellos que la escriben.

(*) Osmar Gonzales Alvarado es doctor en Ciencia Social por El Colegio de México. Ha sido director técnico de la Biblioteca Nacional, agregado cultural en Argentina, director de la Casa Museo José Carlos Mariátegui. Además, es profesor universitario y autor de poco más de treinta libros sobre intelectuales y pensamiento político.

(FIN) Ensayo General

Fuente: Canal de Youtube

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