Con ‘Pies cartógrafos’, el poeta Juan Carlos Vela ha hecho un ejercicio de traslación. Comunicador social con una maestría en estudios políticos latinoamericanos, su punto de referencia sigue habitado por los temas humanos –como cuando escribe ensayos–, aunque en esta etapa sus textos prescinden de una lógica demostrativa para dejarse envolver por la intención de resonar y conmover. “La poesía es palabra, en tanto la palabra implica descubrimiento y, sobre todo, resignificación de lo que puede estar escondido –afirma Vela–. La poesía es el descubrimiento de lo que no se ve”.
Aunque no se trata de su primer poemario, ‘Pies cartógrafos’ sí es el primero que él se anima a publicar. Juan Carlos Vela es catedrático y su interés académico se orienta habitualmente hacia las comunidades étnicas, las urgencias ambientales, la situación de las mujeres en sociedades en desarrollo. Desde esa zona de reflexión, esta vez la traslación consistió en modificar el punto desde donde se mira. El ensayo aspira a la precisión terminológica –una palabra debe significar exactamente lo que el autor quiere comunicar–, pero la poesía, en cambio, obtiene gran parte de su riqueza de la polisemia, de la connotación y la tensión entre significados.
Cuando recibí un ejemplar del libro de Vela, lo primero que leí fue el texto introductorio y creí que me toparía con “poesía social”, en el sentido más amplio que acepta este concepto. Revisé títulos y salté de aquí para allá en lectura silenciosa, para convencerme –varios poemas después– de que estaba ante una voz sensible y cuidadosa.

Latencias humanas
El título original del poemario era ‘Latencias’, comenta Vela en la cabina de ‘Ensayo General’. “Hay en estos poemas una suerte de manifiesto, básicamente latencias, rasgos de aquello que está latiendo en el hombre, en el mar, en la mujer, en la naturaleza, en las comunidades originarias. Y si te vas más allá, si vas escarbando y ampliando la aureola del sentimiento, de la latencia, pues encuentras el amor”.
Dependiendo de la experiencia subjetiva de cada lector, en ‘Pies cartógrafos’ también es posible encontrar erotismo, deseo y amor al territorio. No es casual, aunque el poeta admite que terminó omitiendo esa lectura, por concentrarse en la prevalencia de asuntos que podrían considerarse “más sociales”. Para un ensayista, la ambigüedad suele percibirse como una debilidad argumentativa; para un poeta, puede constituir el núcleo mismo del poema.

El germen poético
Antes de ir a imprenta, el poeta consultó con personas de confianza la cuestión del título del libro. Para Vela, la propuesta de ‘Latencias’ encerraba un riesgo: el que la obra fuera encasillada en la idea de un manifiesto social.
“Y, con el temor de que este ‘manifiesto’ se volviera muy político –y que los poemas fueran leídos con ese mismo ánimo–, había que trabajar más poéticamente”.
“Alcanzarle un vaso de agua a alguien con sed no es poesía, pero es afecto, ¿verdad?”, explica el poeta, para agregar con seguridad: En todo acto guiado por el sentimiento habita un germen poético.
“Muchas cosas hacen que te enamores y que estés agradecido. Y, en ese sentido, para terminar la idea, uno se da cuenta de que todo es motivo de poesía y no solamente el amor. Algunos piensan ‘Poesía igual amor’. Sí, poesía es amor; pero si uno lee a Vallejo, no abunda el amor en sus versos. En Vallejo lo que abunda es lo otro: lo social, lo humano, la idea de Dios”.
“¿Saben qué pasa, amigos?”, pregunta Juan Carlos Vela, casi para cerrar nuestra conversación. “Y esto lo digo en un sentido constructivo, porque hay que cuidar mucho las palabras: los peruanos –amorosa, optimista y positivamente– estamos infectados de Vallejo. Uno va por allí, escucha algo y ese algo despierta una reminiscencia de peruanidad, de humanidad”. Con ‘Pies cartógrafos’, el propio Vela ha cedido poéticamente a esa infección.
(FIN/Ensayo General)
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