FIL Lima 2026: El arte de vestir de esperanza frente al olvido

Escribe: Francisca Huamaní

«Pertenecemos más al aire que a la tierra», sentenció Noraya Ccoyure en los versos de Flor del viento, leídos con tal potencia que parecía arrancar las piedras de Apurímac para sembrarlas en medio de una tarde calurosa durante la 30ª edición de la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL). Llevaba un vestido largo, infinitamente verde, y una flor roja prendida en el cabello que desafiaba el sol encendido sobre el recinto.

Verla allí, celebrando la publicación de ‘De pájaros y peregrinos’ -por Alastor Editores-, era contemplarla como un ave abriéndose paso entre la luz y el polvo de sus recuerdos. Noraya también es actriz; por eso no solo leía sus composiciones, sino que les encarnaba el cuerpo mientras su voz envolvía a los asistentes.

El verde de su vestido no se quedaría solo en ese pabellón. Horas más tarde, en el homenaje a Cronwell Jara, resonó otro eco verde desde el Cusco: Cecilia Granadino -narradora y actriz- enviaba un conmovedor audio de despedida a su eterno compañero. «Hoy voy de verde claro, verde esperanza…», confesó con la voz quebrada desde los Andes, rechazando el luto tradicional.

Así dialogaron sin saberlo dos creadoras andinas vinculadas al teatro y la poesía, unidas por el mismo color frente al dolor y la pérdida. Hay una hermosa terquedad en el verde: no fue una elección al azar en ninguna de las dos, pero en Noraya cobra una fuerza particular. En ella, el verde es la convicción de donde brota su propuesta artística en Flor del viento:

“Tú y yo nacimos en pleno cambio de estación,

pertenecemos más al aire que a la tierra”.

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Noraya Coyure también es actriz y bailarina y el día de la presentación del poemario mostró sus dotes. Foto: difusión.

Con ese mismo impulso, la poeta sanmarquina llega a la FIL tras haber obtenido el Premio Huauco de Oro 2025, haber sido finalista del Premio Paz de Poesía en la Miami Book Fair (2022), haber abierto su camino con Canto de ballena negra y desempeñarse como editora de Rio Grande Review.

En su intervención, el escritor Edgar Saavedra propuso una lectura desde el desplazamiento, explicó que esos pájaros y peregrinos eran los progenitores de Noraya: dos adolescentes obligados a dejar Apurímac. Por su parte, Katherine Estrada describió la obra como una exploración de la herencia emocional, donde las carencias, el racismo y la violencia se transforman en un universo de aves para reconstruir un hogar.

Los comentarios de ambos literatos sobre las heridas conmovieron al público; pero cuando tomó la palabra, la poeta desbordó cualquier lectura académica. Su confesión fue íntima. Contó que el libro nació durante la pandemia mientras cursaba la maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Texas en El Paso (UTEP).

Fue desde esa distancia geográfica que comenzó a llamar por teléfono a Lima para hacerles la pregunta que daría origen a todo el poemario: «¿Qué había pasado con mamá y papá en Apurímac antes de llegar a Lima?».

Agradecida y emocionada por la presencia de sus padres, quienes asistían por primera vez a un recital suyo, aclaró algo que conmovió a la sala: «Mis padres no son tristes. Mi padre es muy alegre y mamá también».

Sentados casi en primera fila estaban un hombre y una mujer que sobrevivieron a la precariedad y al trabajo más duro sin perder el gozo. El verdadero logro de Noraya no era solo transformar la dureza en creación, sino convertir el viaje de esos dos caminantes en una obra poderosa y en una forma de gracia que revela el vínculo cotidiano con la madre, tal como lo plasma en la primera parte de Flor del viento:

Flor de viento

“Mi madre cosía a mano

sentada cerca al umbral de nuestra casa

la mitad de su cuerpo tomaba el sol

y la otra mitad, retazos de tela.

Me pedía que estire un brazo

para la extrema unción de mi próxima armadura:

una chompa azul”.

Luego, Noraya recitó los estremecedores versos de Piedra dormida, dedicados a las duras faenas mineras de su padre:

Piedra dormida

“Nada sino un poco de oro busca mi padre

en la piedra dormida,

su comba y cincel profanan

moneda corriente de mukis y diablos”.

Y evocó también los relatos de Viernes Santo situados en Huaccana, sobre la fe, la violencia familiar y los latigazos recibidos bajo la idea de ‘ganarse el cielo’:

Viernes Santo

“tres latigazos de cuero

tres peldaños al cielo.

Mi abuelo se aproxima a mi madre,

quien tiembla ante la parábola del azote,

tres veces besa el látigo de tres puntas”.

De pájaros y peregrinos no pretende cerrar las heridas del pasado.

Allí donde hubo migración, violencia y silencios familiares, Noraya Ccoyure convierte la memoria en poesía.

(FIN) Ensayo General

Fuente: Canal de YouTube

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