I.D.I.O.T.A.: ciencia, poder y los límites éticos que enfrentamos como humanidad

Hay experimentos que buscan respuestas y otros que terminan poniendo en cuestión las preguntas. En I.D.I.O.T.A., el dramaturgo español Jordi Casanovas construye una situación aparentemente sencilla: ubicar a un ciudadano promedio y someterlo a un experimento.

Este experimento, poco a poco, se transforma en un juego psicológico. Lo que está en discusión no es solamente la capacidad de un individuo para superar una prueba, sino los límites que pueden desaparecer cuando una persona cree firmemente que está actuando por un bien mayor.

La obra, que llega por primera vez a Lima bajo la dirección de David Carrillo, reúne a Sandra Bernasconi y Armando Machuca en un duelo interpretativo que transita entre el humor, el misterio y el drama. El público también queda incorporado a ese juego: intenta descifrar los enigmas, acompaña las decisiones de los personajes y se enfrenta a las consecuencias de cada una de ellas.

Uno de los méritos de la dirección es lograr que el espectador se involucre en la obra, trasladándose con la imaginación a escenarios crueles y violentos, sin caer en el amarillismo de mostrar imágenes fuertes.

Cuando el fin parece justificar los medios

Sandra Bernasconi interpreta a una científica que está convencida de que su trabajo tendrá consecuencias positivas para la humanidad. No se presenta a sí misma como una persona que está haciendo el mal; por el contrario, cree que el experimento representa un avance y que, con el tiempo, será reconocido como tal.

“Ella está segura que lo que está haciendo es por el bien de la humanidad”, explica Bernasconi en conversación con Ensayo General.

Ese convencimiento convierte a su personaje en una figura que transgrede normas amparada en la ciencia. Su conflicto está en la certeza de que el objetivo que persigue es suficientemente importante como para justificar las decisiones que toma.

Y allí aparece uno de los principales dilemas que plantea la obra: ¿qué sucede cuando la idea de progreso empieza a entrar en conflicto con los principios que deberían limitarlo?

Armando Machuca interpreta a Carlos Varela, un limeño “ladino”, canchero y convencido de que su capacidad para encontrar recursos y salidas le permitirá resolver cualquier problema.

Al inicio, Carlos se mueve en un territorio cercano a la comedia. Machuca, cuya trayectoria tiene una fuerte relación con este género, reconoce que esa primera parte del personaje le resulta familiar. Sin embargo, el recorrido de Carlos exige un desplazamiento hacia emociones mucho más complejas.

El experimento comienza a poner a prueba sus límites físicos, morales y emocionales. Y con ello también cambia la relación del público con él.

“Primero estaba riéndome, esperaba reírme más”, cuenta Machuca al describir algunas de las reacciones que ha percibido durante las funciones. Pero la obra empieza a introducir asuntos como el dinero, la corrupción y el crimen, haciendo que la distancia entre espectador y personaje se reduzca.

La pregunta deja entonces de ser qué hará Carlos y empieza a convertirse en una reflexión más personal: qué decisiones tomaríamos nosotros frente a una situación que nos obligara a confrontar nuestros propios principios.

Del entretenimiento a la reflexión

Una de las particularidades del texto de Casanovas es su capacidad para cambiar de registro. La historia pasa de la comedia al drama y al misterio sin instalarse definitivamente en ninguno de ellos.

Para Bernasconi, ese recorrido mantiene al espectador en estado de alerta. El público intenta resolver los enigmas antes que los propios personajes y busca anticiparse a lo que ocurrirá. Pero mientras la trama avanza, aparecen nuevas preguntas.

“¿Hasta dónde va a aguantar? ¿Se va a revelar? ¿No se va a revelar?”, cuenta la actriz que suelen plantearse los espectadores durante la función.

La experiencia termina llevando al público a un terreno diferente: ya no se trata únicamente de descubrir el misterio, sino de pensar en las consecuencias de las decisiones que se están tomando.

Según Bernasconi, muchos espectadores salen de la función con “una especie de adrenalina” y con ganas de conversar sobre lo que acaban de experimentar. El teatro, en este caso, no termina cuando cae el telón: la discusión continúa fuera de la sala.

El límite entre lo que podemos hacer y lo que debemos hacer

La propuesta de I.D.I.O.T.A. dialoga con una preocupación central de nuestro tiempo: la tensión entre capacidad y responsabilidad. La humanidad ha aprendido a hacer cosas que antes parecían imposibles. Pero cada nuevo avance trae consigo una pregunta inevitable sobre sus consecuencias y sobre los límites que deberían acompañarlo.

En la obra, esa tensión se encarna en la científica interpretada por Bernasconi y en Carlos Varela, sometido a una experiencia que progresivamente transforma su percepción de lo que está ocurriendo.

El director David Carrillo resume parte de esta preocupación al señalar que I.D.I.O.T.A. habla de aquello que somos capaces de hacer cuando sentimos que no tenemos otra salida.

En una sala amigable como la del Teatro de Lucia, donde las reacciones del público se escuchan prácticamente al lado de los actores, la experiencia se vuelve particularmente cercana. Cada risa, silencio o exclamación forma parte de una función que nunca es exactamente igual a la anterior.

I.D.I.O.T.A. propone así un viaje que comienza como entretenimiento y termina como una confrontación con nuestras propias ideas sobre el progreso, la responsabilidad y los límites éticos.

La obra de Jordi Casanovas es dirigida por David Carrillo y protagonizada por Sandra Bernasconi y Armando Machuca. La producción general está a cargo de la Asociación Cultural de Artes Unidas (ACAU) y la producción ejecutiva de Pilar Cornejo.

Teatro de Lucía — Calle Bellavista 512, Miraflores, la temporada va hasta el 20 de septiembre, de jueves, viernes y sábados a las 8:00 p. m., los domingos a las 7:00 p. m. Las entradas en Joinnus y en la boletería del teatro.

(FIN) Ensayo General

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