24 de septiembre de 2022
Los Mochicas.
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Los Mochicas, fusión de tradición criolla con ritmos autóctonos

Eloy Seclén Neyra hace una historiografía de la música norteña

Al pensar en música norteña, muchas veces, podemos limitarnos a repasar los grupos de cumbia. No obstante, hay una tradición musical cuyos cultores fundaron, a mediados del siglo XX, diversos grupos criollos. Uno de ellos fue el trío Los Mochicas. ¿Qué significa este grupo para la cultura norteña? Para encontrar una respuesta, conversamos con Eloy Seclén Neyra, periodista, profesor universitario e hijo del líder de la agrupación, autor del libro ‘Vuelven Los Mochicas’, del sello alternativo Huerequeque.

¿Qué significan Los Mochicas para la música norteña?

Los Mochicas representan una tradición que ha recorrido muchas generaciones. Dentro de la cultura norteña, este grupo representa una sonoridad que se identifica como propia, como auténtica, y es por ello que ha logrado trascender. En la tradición de la música popular, ha acompañado las celebraciones familiares: cumpleaños, bautizos, aniversarios, fiestas religiosas. Es ahí donde se ha sostenido y donde se mantiene. La cumbia norteña ejerce hoy el mismo influjo, pero no ha desplazado estos ritmos tradicionales. Más bien los ha enriquecido, porque ambos se reconocen como cultura viva: es la música popular del norte que se conoce y se baila en todo el Perú.

Como hijo de Nicolás Seclén Sampén, uno de sus fundadores, ¿cómo escribiste el libro? ¿Cómo influyó tu padre en tu amor por la historiografía de la música norteña?

Tuve la dicha de acompañar a mi papá a sus presentaciones en diversos pueblos del departamento de Lambayeque. Los contrataban para la serenata de los aniversarios, para las ferias populares. Los Mochicas llegaban porque la gente los pedía y para las municipalidades era un grupo de presupuesto bastante austero. He visto ese cariño, esa gratitud. He vivido la alegría de la gente ante el suceso de un show musical y creo que eso ha influido mucho para procurar una investigación que aborde esos elementos. Escribí este libro para cumplir el anhelo de mi padre de contar su historia. Lo imaginamos juntos. Procuramos contarla con canciones y este ha sido el resultado.

Las marineras y valses criollos norteños, ¿tienen un estilo propio? ¿Qué los distingue de la música limeña?

El estilo norteño se distingue por una sonoridad muy particular. En cuanto a los instrumentos utilizados, debemos destacar la presencia del banjo, un instrumento de cuerda de raíces africanas y utilizado por los estadounidenses que encontró en Chiclayo una nueva identidad. La percusión en base al checo y la incorporación del arpa son elementos también muy influyentes. Otro elemento crucial son los temas que se abordan en las canciones: muchos de ellos terminan siendo relatos, aspectos de la vida cotidiana, además de las desventuras amorosas que son inherentes a todos los géneros musicales. Podríamos agregar la potencia vocal de los cantantes norteños: esta es una característica que se mantiene hasta hoy. En el caso de mi padre, le decían “Voz de Diablo”, por los registros que lograba alcanzar. No solo eran muy altos sino a la vez muy cadenciosos. Muy norteños.

¿Cuáles fueron los aportes del grupo a la música criolla?

El grupo trajo, por primera vez, ritmos autóctonos de la costa norte, particularmente el golpe tierra, los tonderos, las chiquitas o serranitas, así como los tradicionales valses, marineras, pasillos, polcas, siempre con el estilo norteño tan característico. Con ellos, el cancionero criollo ve por primera vez canciones que hablan de alforjas, caballitos de totora, algarrobos. Este estilo norteño termina por cambiar toda la música criolla, pues incluso los nuevos grupos limeños se adaptan a esta corriente. En las salas de grabación, para vender más discos, los directores pedían que los valses suenen “más al norte”. Y esto fue un logro no solo de intérpretes como mi padre sino de compositores como Luis Abelardo Takahashi Núñez, Miguel Correa Suárez, Pedro Miguel Arrese, entre otros grandes creadores.

La música de Los Mochicas no se extingue en la cultura sonora, es también un medio para la difusión de las costumbres, secretos gastronómicos, usos ¿Cómo se pueden conservar estas tradiciones?

Tal vez recordando que esas tradiciones no son una norma hegemónica, sino tan solo la posibilidad de pensar en un mundo diferente. Esas tradiciones expresan sobre todo valores. Valores que han trascendido en el tiempo, que han sido capaces de generar alegría, unidad. Entonces, no hablamos de ellos como un elemento idílico al cual hay que volver, sino tan solo como una alternativa. En tiempos donde la idea de futuro nos genera incertidumbre y hasta temor, tal vez estas tradiciones asoman como una mirada hacia dentro. Una posibilidad de vernos a nosotros mismos y enfrentar lo que entendemos como una homogenización cultural que anula la diversidad.

LOS MOCHICAS , Semblanza, Tertulia y Canto, en MEDIODIA CRIOLLO 1997, Fuente Youtube.

En el siglo pasado, especialmente en la década de 1950, la radio era el medio por excelencia para la difusión de la música. En este siglo XXI de globalización, ¿cuáles son los canales para difundir la música norteña?

Indudablemente, los canales digitales se han convertido en un espacio de resistencia. Las visitas a los videos de YouTube, las reacciones a las publicaciones en redes, la cantidad de contenidos compartidos: todos son indicadores que reflejan las nuevas dinámicas para el consumo y difusión de la música. Lo que observamos es un creciente deseo de conocer. Durante el proceso de crear el libro, hemos comprobado la gran variedad de espacios digitales que desarrollan agendas muy diferentes a las que ofrecen los grandes medios de comunicación. Y si estos espacios existen y crecen es porque hay un público que busca dichos contenidos.

 ¿Qué proyectos tienes a futuro?

Anhelamos seguir contando nuestra historia, lo que a su vez es una forma de acercarnos a la idea de identidad. Anhelamos conocer más testimonios, voces que hablen de los pueblos del norte y explorar formas creativas para contarlo a través de libros. Ya habiendo publicado el primero, soñamos con nuevas historias, siempre con rumbo norte. Como dirían los músicos de Los Mochicas: allá voy si no me caigo.

(FIN/Ensayo General)

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