24 de septiembre de 2022
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Pasión por las hebras que bordan historias

El bordado se remonta a los inicios de la humanidad y, a lo largo de la historia, cada cultura lo ha asumido y enriquecido. Conocemos el bordado vinculado a las telas, bastidores e hilos de colores, hoy esta técnica ha sido redescubierta por artistas contemporáneos como una nueva forma de expresión. Una de estas bordadoras es Teresa Serpa.

En este siglo XXI, se habla de “bordado contemporáneo” o “arte textil” que experimentando con texturas, materiales e insumos como tubos de PVC, alambres, maderas, rafias, por momentos  rompe con los cánones tradicionales y estrictos del bordado tradicional,  y se combinan con los orígenes de la tela, la aguja y el hijo, con todo ello crean y cuentan historias.

Teresa Serpa es diseñadora gráfica, y lleva dedicados a la carrera algo más de 20 años, especializada en diseño editorial, y ha visto plasmado su trabajo en muchos productos ligados a temas de desarrollo, inclusión e interculturalidad, con los cuales siempre ha estado muy comprometida socialmente.

Si bien, para ella el diseño es: “su estilo de vida”, reconoce que el trabajo del diseñador gráfico está siempre ligado a crear productos orientados a fines concretos, basados en la necesidad del cliente, el público objetivo y las tendencias del mercado, muchas veces son elaborados bajo la presión demandante del trabajo para ayer y situación que genera stress “el peor enemigo de todo proceso creativo”.

¿Cómo te acercaste al bordado? “El espíritu creador nunca se detiene, un día para escapar de la rutina, acepté una invitación a un curso de bordado ayacuchano, y ese día fue mi despertar, a partir de ese día empecé a investigar las técnicas ancestrales de bordado peruano, trasmitidas de generación a generación, el bordado ayacuchano, el wanka, y busqué un acercamiento al bordado shipibo, así fui enriqueciéndome y formándome en este arte”.

Nos comentó que, a partir de estos aprendizajes y de su acercamiento a maestras bordadoras, teniendo como base siempre el respeto a la técnica original, comienza a integrar su estilo de diseño en sus procesos de bordado convirtiendo sus obras en piezas que se acercan más a las técnicas de bordado contemporáneo.

En medio de este proceso, fue invitada, por la artista suiza Margrit Egger, a dar un curso de bordado ayacuchano en la ciudad de Zúrich, Suiza y es así como descubre que también puede ser un medio para transmitir a otras culturas los saberes aprendidos.

A su retorno a Lima, a partir de esta experiencia, nació “Hebra”, un emprendimiento en torno al bordado que estaba en proceso de crecimiento, pero llegó la pandemia del covid-19 y con ella la paralización del mismo.

En un clima de incertidumbre, la pandemia obligó a que todas las personas nos transformemos, teníamos que adaptarnos a un nuevo espacio para trabajar, dejar atrás la oficina de diseño y, en plena crisis, el bordado llegó a mi rescate, nos narra.

En plena cuarentena, a raíz de la lectura de un artículo en un diario, descubre la tendencia del bordado contemporáneo latinoamericano e investigando en las redes sociales llega a contactase con la artista textil Marian Cvik, y con un curso llamado “El bordado como trazo”, experiencia que le permitió experimentar una nueva forma de ver el bordado, que no parte de la técnica sino de la expresión,  lo que le abre un nuevo horizonte,  planes y sueños que empiezan a surgir.

“Descubro que cada objeto guardado y atesorado, que junté diciendo algún día lo usaré, se han convertido en la materia prima que hoy espera su turno para convertirse en una historia”, nos precisa.

Colecciono botones, fotos antiguas, llaves, tengo una bolsa llena de cartas escritas por mis bisabuelos en 1800, por eso algunos de mis amigos me decían “acumuladora”, ahora cada uno de estos objetos está haciendo cola para ser parte de una historia en mis bordados, nos cuenta luego de subrayar que “ahora he conocido muchas mujeres y hombres de toda Latinoamérica que guardan tantos cachivaches como yo y hacen con ellos unas obras textiles maravillosas”. 

Mi escritorio es la expresión más clara de mi personalidad, un “caos ordenado”, en el que conviven los colores, los papeles, las telas, los libros de ilustraciones, algo de poesía y siempre, siempre, chocolate y café…y en uno de los cajones la reserva de un buen triple sec, ese licor de naranja profundo y aromático.

En pandemia, la necesidad del bordado tomó otra arista y llega a ser también un arte terapéutico, y muchas mujeres tienen esa misma necesidad, Teresa retoma el emprendimiento de bordado a través de las redes Facebook e Instagram y ahora tiene como meta la creación de una comunidad de mujeres y hombres bordadores y este año empezó con las clases por zoom en un centro de educación integral para adultos mayores

Todo este caminar es lo que hoy le permite afirmar con contundencia: “Bordar es mi pasión, en el bordado encontré la manera de salir de la rutina del día a día, concentrando mi mente y mis sueños en cada puntada”.

(FIN)

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