El regreso de enfermedades prevenibles: lo que está fallando en el cuidado infantil

Según reportes regionales, en el Perú, al 8 de abril de 2026, se han confirmado 17 casos de sarampión en la región altiplánica de Puno, marcando un brote activo de una enfermedad prevenible con transmisión comunitaria. Los casos aumentaron rápidamente, concentrándose en Juliaca y San Pedro de Putina Punco.

Ante este problema, las autoridades regionales han activado cercos epidemiológicos y campañas de vacunación y el Ministerio de Salud ha lanzado una alerta epidemiológica por sarampión en Perú ya que la región Puno concentra un brote con transmisión local y brechas en vacunación.

Hay que tener en consideración que la Organización Mundial de la Salud advierte que se trata de una enfermedad viral extremadamente contagiosa que se transmite principalmente por el aire a través de gotitas respiratorias (tos o estornudos) o contacto directo, siendo capaz de vivir en superficies o en el aire hasta por 2 horas.

Agrega que una persona infectada puede contagiar desde 4-5 días antes hasta 4-5 días después de que aparezca la erupción cutánea y que un solo paciente puede contagiar a entre 15 y 20 personas en su entorno.

Esta situación se da de bruces con una realidad alarmante: las brigadas de salud recorren el país en búsqueda de niñas y niños que no han recibido sus esquemas de vacunación completos, pero hay indiferencia y desinformación. Esto demuestra que hay desconocimiento sobre las condiciones en las que hoy se cuida —o se deja de cuidar— la vida en sus primeros años.

En el Perú, las coberturas de vacunación infantil han retrocedido. No es una percepción: es una alerta. En 2025, la cobertura de la vacuna contra el sarampión no alcanzó el nivel necesario para garantizar la protección colectiva. El estándar internacional —95 %— sigue lejos. Ese porcentaje, sin embargo, no dice lo más importante: detrás hay niñas y niños concretos que quedan expuestos.

<< PARA LEER EN RED >> La amenaza: desinformación y baja cobertura de vacunación ponen en peligro a primera infancia
La cultura del cuidado en la infancia protege la calidad de vida de niñas y niños. Foto: Canva.

Durante años, enfermedades como el sarampión o la polio dejaron de ser una preocupación cotidiana. Pero ese escenario está cambiando.

La Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza emitió la ‘Alerta ante bajas coberturas de vacunación en la infancia y alto riesgo de importación y transmisión de sarampión y polio e incremento de enfermedades respiratorias en el Perú”, que advierte que el Perú enfrenta un riesgo alto de reintroducción y transmisión de sarampión, en un contexto regional donde los casos han aumentado de manera sostenida.

En 2025, América registró casi 15 mil casos confirmados de sarampión, una cifra muy superior a la de años previos. En el país, aunque los casos confirmados han sido pocos, la combinación de baja cobertura y circulación regional incrementa la vulnerabilidad.

Algo similar ocurre con la tos ferina. En 2025, el Perú registró 4,632 casos confirmados y 76 fallecimientos, con mayor impacto en niños pequeños.
Y en las primeras semanas de 2026, los casos continúan en aumento.

No se trata de enfermedades nuevas. Se trata de enfermedades que regresan cuando el cuidado se interrumpe.

Las brechas tienen rostro

Las desigualdades territoriales profundizan el problema. En regiones amazónicas y andinas, vacunar implica recorrer ríos durante horas o enfrentar caminos precarios. Pero incluso cuando la vacuna está disponible, no siempre llega a quien la necesita.

El primer trimestre de 2026 muestra un dato preocupante: en varias vacunas clave para la infancia, el avance de cobertura está por debajo de lo esperado. En algunos casos, como la segunda dosis contra sarampión, no supera el 20 %.

A nivel nacional, además, se estima que más de 290 mil niñas y niños entre 1 y 4 años son susceptibles al sarampión, es decir, no cuentan con la protección necesaria frente a un posible brote.

La brecha no es solo geográfica. También es social. Las familias con menos recursos enfrentan mayores obstáculos para completar los esquemas de vacunación. A esto se suma un factor cada vez más determinante: la desinformación.

Durante la pandemia, los discursos antivacunas ganaron visibilidad. No necesariamente como movimientos organizados, sino como un conjunto de mensajes fragmentados que circulan en redes, chats y conversaciones cotidianas. El efecto no siempre es el rechazo abierto. A veces es la duda. La postergación. El “después voy”.

Las especialistas coinciden en que el desafío ya no es solo logístico. Es también comunicacional y cultural. Recuperar la confianza implica reconstruir el vínculo entre el sistema de salud y las comunidades, desde el respeto, la información clara y el reconocimiento de las distintas realidades.

Cuidar es una tarea compartida

El documento de la MCLCP no solo describe el problema. También plantea una ruta: fortalecer la vigilancia, mejorar la logística, cerrar brechas territoriales y, sobre todo, impulsar una movilización nacional por la vacunación.

Pero más allá de las políticas, hay una dimensión que atraviesa todas estas acciones: la cultura del cuidado. Cuidar implica prevenir. Implica actuar antes de que la enfermedad llegue. Implica sostener decisiones cotidianas que no siempre son visibles, pero que tienen un impacto profundo.

Las brigadas que recorren casa por casa son parte de ese esfuerzo. También lo son las familias que preguntan, que buscan información, que deciden vacunar.

En un contexto de incertidumbre, cuidar a la infancia es una forma de construir futuro.

Porque donde no llega la vacuna, no solo hay riesgo epidemiológico. Hay una oportunidad pendiente de garantizar un derecho básico: crecer protegido.

(FIN) Ensayo General

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