El Centro Cultural Ccori Wasi de la Universidad Ricardo Palma fue el escenario del acto de investidura del Consejo Directivo de la Academia Peruana de la Lengua (APL) para el periodo 2026-2029.
El evento, celebrado el 3 de septiembre de 2026, estuvo marcado por la asunción formal del Embajador Harry Belevan McBride como nuevo presidente de la corporación fundada por Ricardo Palma en 1887.
En una ceremonia que congregó a destacadas personalidades de las letras, la lingüística y la cultura nacional, Belevan McBride estuvo acompañado en la mesa de honor por los integrantes de su flamante directiva: el Dr. Rodolfo Cerrón Palomino (Vicepresidente), el Dr. Jorge Valenzuela Garcés (Secretario), el doctor Eduardo González Viaña (Censor) y el doctor Antonio González Montes (Bibliotecario).
Se excusó la ausencia del doctor Marco Martos Carrera (Tesorero), debido a sus compromisos docentes en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Durante su alocución, el Embajador Belevan no eludió la autocrítica institucional respecto al «incomprensible retraso» de 137 días para la toma de posesión tras las elecciones gremiales, calificándolo con ironía como un reflejo de la procrastinación burocrática.
No obstante, enfocó el núcleo de su mensaje en las treinta y un iniciativas de su Plan Interno de Trabajo, orientadas a modernizar la APL.
Entre los ejes principales, destacó la descentralización de la Academia para incluir a miembros plenos residentes en regiones a través de sesiones virtuales, la creación de pódcasts y herramientas digitales para conectar con nuevos públicos, el debate sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en el idioma, y una firme postura frente al plurilingüismo, defendiendo el rigor de la lengua española ante las distorsiones de la corrección política.

A continuación reproducimos las palabras del embajador Harry Belevan McBride:
Debo comenzar agradeciendo de manera especial al señor Rector Magnífico de la Universidad Ricardo Palma, doctor Félix Romero, así como al doctor Roberto Reyes Tarazona, Director del centro cultural que hoy nos acoge y que forma parte de esta prestigiosa universidad que lleva el insigne nombre del fundador de la Academia Peruana de la Lengua, la misma Universidad Ricardo Palma que, ante la imposibilidad de entonces, y todavía vigente, de regresar a nuestra sede oficial en la Casa de Osambela del Cercado histórico, nos ha albergado generosamente durante estos años recientes, tal como vuelve a hacerlo ahora. Gracias, señor Rector y señor Director, por tan amable gesto hacia la Academia Peruana de la Lengua.
* * *
Han transcurrido 137 días desde cuando este nuevo Consejo Directivo que me honro en presidir por decisión de mis pares, fue elegido para dirigir la Academia Peruana de la Lengua, un descarado retraso que parodia burdamente el culto reverencial a la procrastinación que suele practicarse en ciertas entidades burocráticas del Estado. Pero aquí estamos, y entonces pasamos ahora por alto este incomprensible retraso, prestos ahora a iniciar nuestras labores que, en mi caso, se ven grandemente aliviadas sabiendo que cuento con el invaluable concurso de estos insignes colegas y amigos: el Dr. Rodolfo Cerrón Palomino como Vicepresidente; el Dr. Jorge Valenzuela Garcés como Secretario; el doctor Marco Martos Carrera como Tesorero, que no ha podido venir hoy por dictado de clases en San Marcos; el doctor Eduardo González Viaña como Censor; y el doctor Antonio González Montes como Bibliotecario. El apoyo de estos gramáticos, lingüistas, escritores y catedráticos de reconocida trayectoria intelectual en el país y en el exterior, así como del reducido pero eficiente personal administrativo que nos acompaña, me reconforta sobremanera al asumir ahora las tareas que nos corresponden en los próximos tres años: continuar desarrollando los objetivos permanentes trazados, progresivamente, desde don Ricardo Palma al fundar esta institución, y continuados en los siglos diecinueve, veinte y el actual, por mis trece predecesores, ilustres intelectuales y políticos destacados en distintas ramas del saber y el quehacer, que han dirigido esta corporación desde 1887.
Esas funciones complejas, este Consejo Directivo entrante que me honro en presidir, las enumeró oportunamente en un Plan interno de Trabajo de treinta y un iniciativas, que procuraremos realizar en el periodo de los tres años que nos corresponde, por breve que resulte y aun a sabiendas de que las buenas intenciones para el trabajo, no siempre se acompasan con las negativas imposiciones del calendario. Entre aquellas propuestas por las que se eligió a nuestra directiva, permítaseme destacar al azar algunas:
La primera es, en verdad, la que envuelve a todas las demás: nuestra corporación, como lo indica su propio nombre, es una academia peruana y no meramente limeña, es decir, que su integración no debe seguir, a mi juicio, circunscribiéndose únicamente a quienes habitamos en la capital. Proponemos, así, ampliar la elección de académicos que residan en cualquier parte del territorio nacional como integrantes de pleno derecho, es decir como titulares y no sólo como correspondientes, lo cual, además de ser de elemental equidad, permitirá al Consejo extender la necesaria presencia efectiva y eficaz de la Academia en las regiones y tener, de esta forma, una participación más activa fuera del ámbito capitalino. Para ello será también necesario añadir en el nuevo estatuto de la Academia –reglamento que ya está en proceso avanzado de reformación–, el concepto y práctica de reuniones telemáticas, dígase videoconferencias virtuales interactivas, lo que garantizará una participación en tiempo real desde todos los rincones del país. La reforma del estatuto es pues, otra prioridad que hemos de abordar de inmediato.
Propuestas prácticas adicionales que nos hemos planteado, son también las de ensanchar la presencia pública de nuestra institución, para su mayor reconocimiento como referente lingüístico y también cultural, desarrollando una estrategia de visibilidad aún más dinámica con los medios y en las plataformas digitales, y renovando nuestro sitio web con contenidos todavía más ágiles, a través de artículos, videos, boletines, pódcast lingüísticos y semejantes herramientas de trabajo. Esto implica hacer un uso creciente de las redes sociales para divulgar publicaciones periódicas, nuestras y ajenas, sobre lengua, literatura, gramática y sobre el español del Perú, participando regularmente en espacios periodísticos, radiales, televisivos e informáticos. Ello promoverá la visibilidad de la Academia Peruana de la Lengua mediante una imagen renovada, con el propósito de establecer un diálogo del idioma español con la diversidad lingüística, incluyendo los peruanismos en nuestro idioma, y con la variedad cultural de la nación.
En este ámbito, se procurará contribuir a una cultura plurilingüística juntamente con las otras lenguas mayores del país, considerando siempre que el español es el idioma materno de usanza por casi el 90% de nuestra población. Para ello será necesario informarnos de las experiencias de algunas otras academias de la lengua, acerca del tratamiento del plurilingüismo, –pienso en las corporaciones análogas de México, España, Guinea Ecuatorial y similares– en consonancia, claro está, con la defensa primordial de la lengua española y la contribución de nuevos vocablos a ser incorporados en el diccionario general –a cuya presentación, en octubre, de su vigesimocuarta edición hemos sido invitados a Madrid por la RAE—, pero sin que ello conduzca a las odiosas distorsiones reivindicativas de las llamadas lenguas originarias, basadas en un falso vasallaje de un supuesto imperialismo del idioma español –aberración tan en boga en estos años del multiculturalismo tergiversado por la corrección política. Contamos por fortuna en nuestra directiva con la mayor autoridad en lenguas andinas, en la persona de nuestro vicepresidente, don Rodolfo Cerrón Palomino.
Sería fatigoso consignar otras propuestas a las que este nuevo Consejo ha de abocarse, tales como el impulso de una plataforma educativa virtual de la propia Academia. De allí se colige la necesaria participación de la institución en los debates académicos sobre lenguaje, inteligencia artificial y sociedad digital, con la confección de repertorios léxicos y glosarios interactivos del español peruano en sus variantes regionales, aceptadas e incorporadas al llamado Diccionario de peruanismos, que nuestra Academia ha de mantener siempre al día con el nombre referencial de DiPerú. Consideramos igualmente necesario consolidar a la corporación en las redes docentes de investigación de las variaciones lingüísticas del español peruano en diversos contextos; en el rol de la IA y sus efectos sobre la lengua escrita y oral; así como el mantenimiento del nivel de excelencia académica alcanzado por nuestro Boletín bianual, publicación oficial de la Academia que está registrada en una docena de plataformas científicas mundiales, creo que como ninguna otra publicación peruana.
Y al hablar de publicaciones, permítaseme aquí un breve apartado anecdótico: en uno de esos cafés dominicales que solía reunirnos a ciertos amigos académicos para discurrir semanalmente sobre nuestra institución, se nos ocurrió un día crear una publicación más ágil y frecuente que el severo Boletín semestral de 400 páginas en promedio. Lo hicimos con el nombre de Margesí, un peruanismo aceptado por la lengua general, que significa inventario o balance. Fuimos varios en contribuir periódicamente con breves artículos sobre el idioma, o con anécdotas históricas y la divulgación de eventos y actividades de los académicos, todo lo cual nos alentó a perseverar en tan encomiable esfuerzo durante algunos años. Fue un órgano sucinto de difusión ágil –apenas un folio doblado en cuatro hojas– sobre temas literarios y lingüísticos, de sobria diagramación y de lectoría limitada, pero que sirvió a LAS nobles intenciones de su origen. Es por eso que estimo útil reeditar Margesí, para lo cual exhorto a la colega Eliana Gonzáles Cruz, que tuvo una loable labor en mantener viva la publicación, a que la retome, dándole un nuevo impulso a esa valiosa cartilla difusiva de nuestras tareas, que ella supo promover por buen tiempo.
Nos proponemos asimismo velar por un creciente balance proporcional de mujeres titulares, aunque –va de suyo– privilegiando la excelencia académica por sobre cualquier consideración de género. Igualmente, deseamos organizar un programa nacional de formación lingüística docente con el apoyo de la empresa privada –a la que agradezco anticipadamente por el sustento que pueda brindarnos–, versando sobre gramática, ortografía, redacción y habla coherentes, así como el lenguaje claro y accesible que tanto alienta nuestro amigo y colega don Santiago Muñoz Machado, Director de la Real Academia de la Lengua.
Pretendemos, asimismo, obtener algún tipo de mandato del Ministerio de Educación o el de Cultura, para ejercer cierta facultad –por cierto que práctica y no compulsiva– de velar por el uso correcto de nuestro idioma en el espacio público. Se trataría ¿por qué no? de la potestad de formular sugerencias –jamás imposiciones– destinadas a corregir errores ortográficos o de lenguaje divulgados impropiamente por medios de comunicación o de publicidad abierta, en paneles callejeros o por radio y televisión. Muestras abundan como, por ejemplo, el frecuente uso incorrecto de signos de interrogación que omiten los de apertura, o bien, cuando escuchamos a diario a locutores decir “los años cincuentaS” –hay, incluso, una radio que publicita la mágica recordación de música de los setentas, ochentas y noventas–, refiriéndose a las décadas con una -ese- final; o cuando dicen “delante mío” por “delante de mí”, o bien “en Perú” en vez de “en el Perú”, y muchas otras deficiencias públicas diarias; (podríamos haber corregido, acaso, si hubiese existido esta facultad, a una excongresista que hace poco inventó el pretérito “sostenieron” en vez de sostuvieron, aunque, pensándolo bien, abundan los políticos que nos tienen acostumbrados a retumbar nuestros tímpanos con palabras incomprensibles, lo que dificultaría implementar la propuesta… pero ya se verá…)
De igual forma, deseamos crear una Biblioteca Oraldestinada a preservar la voz viva, o testimonio vocal, de los académicos, y también, con el tiempo, de otros escritores peruanos, permitiéndoles grabar pasajes de sus obras narrativas, poemas y ensayos, publicados o inéditos. Para tal fin, he pensado solicitar el apoyo de la “Hispanic Division” de la Biblioteca del Congreso en Washington, que cuenta con una ingente colección de grabaciones de aquellos escritores peruanos que hemos tenido el privilegio de registrar nuestras voces para esos prestigiosos archivos. Asimismo, procuraremos la creación de premios de estímulo al buen uso del idioma en la plaza pública (medios publicitarios, de comunicación y símiles) y de reconocimiento a la divulgación del patrimonio creativo peruano escrito en español. De esto ya se ha dado un primer paso con la creación del Premio Eugenio Chang-Rodríguez, cumpliendo un deseo testamentario del reconocido lingüista peruano-estadounidense, implementado por su distinguida viuda, la Dra. Raquel Chang, colega académica, premio que estaremos concediendo por primera vez a fines de año. Se me ocurre que otros galardones, acaso bienales, podrían destinarse, por ejemplo, a la mejor biografía sobre un peruano ilustre –un género, el BIOGRÁFICO, poco desarrollado en nuestro medio.
Finalmente –y aunque lo expuesto no recoja el íntegro de nuestras propuestas porque, como queda dicho, quizá no logremos realizarlas todas-, estimamos necesario que se escriba la historia definitiva de la Academia Peruana de la Lengua, consignando la relación y referencias de todos nuestros insignes antecesores, entre quienes hemos contado hasta con un Premio Nobel de Literatura, además de un candidato a serlo que fue propuesto formalmente en 1934 por la Academia Francesa, cuando la academia peruana se encontraba acéfala. Semejante libro no sólo contribuiría a reforzar la necesaria memoria institucional sino, también, a la renovación del interés público por la actividad pedagógica y formativa de esta academia de la lengua.
Y aquí permítaseme una apostilla a modo de cierre: originalmente pensé y hasta lo propuse, que el cargo actual de presidente de la institución volviera a llamarse director. Pero luego recordé que ambos títulos son permutables (Ricardo Palma fue primero presidente y luego director), y que las 23 academias de la lengua son dirigidas indistintamente por presidentes o directores. Pero el más solvente argumento para mí, fue enterarme que ese maestro de generaciones, mi profesor y admirado amigo Luis Jaime Cisneros, que condujo a nuestra institución hasta el umbral del siglo Veintiuno, asentó definitivamente el cargo de presidente. Y eso me resulta más que suficiente para seguir respetando esta denominación.
Cuando un par de colegas me indujo a que postulase a este honroso cargo, volvieron de súbito esas dudas atávicas respecto a si mi nombre y apellidos no hispanos podrían restarle a semejante candidatura. Pero de pronto recordé que el idioma español había sido para mí una decisión voluntariosa y no una mera heredad natural. Y entonces sentí esa igualdad con mis pares que me llevó a decidirme a postular. Y aquí estoy, pues, entusiasta de iniciar junto con este magnífico grupo de colegas, las tareas que nos corresponden hasta el año 2029 como responsables conjuntos del destino de esta Academia Peruana de la Lengua. Porque todo lo que he dicho lo he dicho en representación de este Consejo Directivo, pues concibo la presidencia que ahora ejerzo como una agremiación de voluntades y esfuerzos expresadas con decisiones de consuno de quienes, ahora, tenemos el honor de dirigir la Academia Peruana de la Lengua.
* * *
Cierta vez le preguntaron a Octavio Paz sobre los giros del castellano en su país, a lo que el poeta respondió con aspereza: “El castellano es de los castellanos y yo soy mexicano, y como tal hablo español y no castellano”. Afirmación tan contundente la apuntalaría más tarde su cofrade chileno Pablo Neruda cuando sugirió, acaso menos áspero y más alegórico, que, si los conquistadores se habían llevado nuestro oro, nos habían a cambio legado el suyo: la lengua española.
Siempre consideré que esta metáfora encierra una verdad indiscutible y ello, porque el idioma español es el pedestal identitario de cada nación hispanoamericana, y por eso es un tesoro aún más valioso, pero sobre todo más perdurable, que cualquier metal precioso. Poco importa cómo DESEEMOS decirlo –lengua española o idioma castellano–, porque quienes evitamos esa sinonimia maquinal entre los vocablos español y castellano, sin embargo no la negamos, pues bien sabemos que ambos adjetivos son intercambiables: lo corrobora el hecho que el primer intento de fijar normas reglamentarias para el mejor uso de nuestra lengua fue, allá por el siglo quince, la gramática castellana de Antonio de Nebrija, y que sólo dos siglos después, con la edición de 1925, el Diccionario de la lengua castellana, como se lo llamó desde su primera aparición en 1726, pasaría a denominarse Diccionario de la lengua española, dándole así un aliento ampliativo al noble afán unitario y civilizador de nuestro idioma. Mas el hecho incontrovertible es que, para nosotros los hispanohablantes de las Américas, esta lengua fue quizá una herramienta ontológica aún más útil que para los propios peninsulares, porque con ella se forjaría la simbiosis misma del encuentro de esos dos mundos de cuya heredad somos orgullosos tributarios: el de aquel universo vernáculo de las incantaciones y los encantamientos, propios de las civilizaciones y culturas americanas, y el de aquel otro, el mundo occidental, rector del raciocinio, la moral, la estética y la espiritualidad que nos definen como hispanohablantes, desde el desembarco del idioma en 1492 hasta lo que va del tercer milenio.
Intuyo que, bajo estos y semejantes preceptos, fue fundada por don Ricardo Palma, hace 139 años, la Academia Peruana de la Lengua, la más antigua de entre todas las instituciones oficiales científicas, literarias y artísticas del Perú republicano. Y esto es así pues, de tales propósitos se infiere que determinar las normas del correcto hablar y escribir, nos permite cimentar, reforzar y resguardar nuestra unidad nacional a través de un solo idioma compartido que nos unifica y nos vincula, aunque preservando en simultáneo las otras lenguas, dialectos y variantes regionales que también nos enriquecen. Porque, ¡meditémoslo por un instante!: de no existir un solo idioma común para todos, una variedad de lenguas habría podido disgregarnos como peruanos, de manera imperceptible pero irreparable, atentando así contra la fibra de una misma identidad compartida, que nos amalgama como una nación “firme y feliz por la unión”, como reza el sereno lema nacional. Puede concluirse, entonces, que la función de la Academia Peruana de la Lengua es cohesiva, pues está al servicio de nuestra congruencia como ciudadanos, todo lo cual se ha reflejado y debe seguir reflejándose en nuestros emprendimientos académicos.
Termino con un recuerdo especial a tres distinguidos intelectuales que me precedieron, aquellos maestros de generaciones que fueron Aurelio Miró Quesada, Augusto Tamayo Vargas y Luis Jaime Cisneros. Y si los escojo entre mis trece antecesores, lo hago sencillamente porque tuve el inmenso privilegio de frecuentarlos, pero, sobre todo, porque ellos me alentaron con su fe puesta en mí. Les dedico entonces estas palabras de hoy.
Un horizonte de modernización institucional
Las líneas trazadas por el Embajador Harry Belevan McBride no solo marcan el inicio de una nueva gestión, sino que plantean una hoja de ruta necesaria para sintonizar a una institución de 139 años de historia con las demandas de la sociedad digital y la descentralización cultural.
El desafío de expandir la representación académica a las regiones fuera de Lima y la apertura al debate sobre el rol de la inteligencia artificial en la evolución lingüística configuran una agenda ambiciosa para el periodo 2026-2029. Con un equipo directivo que reúne a varias de las mentes más brillantes de la lingüística, la cátedra y la creación literaria contemporánea del Perú, la Academia Peruana de la Lengua asume el compromiso de proteger nuestro patrimonio verbal, tendiendo puentes entre la tradición histórica heredada de Ricardo Palma y las realidades del siglo XXI.
Desde este portal cultural seguiremos de cerca las 31 iniciativas de este plan de trabajo y el impacto de sus propuestas en la escena cultural del país.
(FIN) Ensayo General

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