Escribe Mariella Checa
Inventar historias no es potestad exclusiva de los talentos de la literatura. En realidad, todos lo hacemos más a menudo de lo que notamos, para contárselas a otros, conocidos o desconocidos, e incluso para escucharlas nosotros mismos.
Podemos crear historias para evitarle dolores insoportables a las personas que amamos, para mejorar la idea que tenemos de quienes somos, para realizar en nuestra mente sueños imposibles o también para calmar o purgar nuestras culpas.
Tal es una de las posibles lecturas de la nueva versión del clásico cuento infantil “Cenicienta”, que está ya en su segunda semana de funciones, en el Auditorio del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico, en Jesús María.
Escrita por Joël Pommerat y dirigida por Gilbert Rouviere, ambos franceses, esta novedosa propuesta muestra en los ya conocidos personajes, rasgos y actitudes que a veces repiten, en ocasiones modifican y otras se distancian abismalmente de las de aquellos que pueblan el relato que todos hemos escuchado.
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Ubicada en tiempos contemporáneos, la historia transcurre con intervenciones de una voz narradora y salpicada de recursos multimedia que contribuyen al avance y a la ambientación de las escenas. Estas funcionan como estampas que van dando cuenta de los hechos más significativos de la trama y consiguen mantener constante la expectativa de los espectadores.
El tener vivos en la memoria los detalles del relato original, no limita ni anula la curiosidad que anima y alienta al público a prestar toda su atención a esta otra propuesta, que tiene personalidad y méritos propios. Entre ellos figuran, además del texto mismo, los atractivos del montaje, como la iluminación y el sonido y, por supuesto, el desempeño de los actores, así como los perfiles que reinterpretan a personajes tan entrañables como el hada madrina y tan detestables como la madrastra.
De hecho, Ebelin Ortiz logra hacer de “la futura esposa del padre de la jovencísima muchacha” –léase la madrastra- un personaje aún más desagradable del que todos tenemos en nuestros recuerdos y terrores de la infancia, y Manuel Gold se luce en doble papel, como el príncipe, pero sobre todo como una -por sus altas dosis de humanidad- singularísima hada madrina.
Vestuario y escenografía cumplen también roles importantes en la composición de esta seguidilla de imágenes con la que el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico da inicio a las celebraciones por su décimo aniversario.
Las funciones continuarán, de jueves a domingo, hasta el 18 de diciembre, y las entradas se consiguen a través de Joinus.
(FIN/Ensayo General)
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— Ensayo General (@Ensayo_General) November 10, 2022
Actividades se desarrollan en el centro cultural Ccori Wasi de la URP, con ingreso libre, hasta el 27 de noviembre.https://t.co/ZAbDCk4wSC pic.twitter.com/hqd47Kx8lz