24 de septiembre de 2022
'Trucos para ver en la oscuridad', escrita por Mariana de Althaus, con la actuación de Alejandra Guerra.
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Mariana de Althaus: Uno de los desafíos del teatro es simbolizar la catástrofe de la pandemia

Conversación con la autora y directora de ‘Trucos para ver en la oscuridad’, una autoficción sobre la incertidumbre, el miedo y la resistencia del teatro.

Escribe: César Chaman

En el escenario del Centro Cultural PUCP, Alejandra es Mariana, quien en la vida real es amiga de Alejandra y –en la obra– escribe un monólogo sobre la pandemia y el miedo, para que lo interprete Alejandra en el papel de Nina, que en el fondo representa a Mariana, a la propia Alejandra y a toda la gente que hace teatro.

Con ‘Trucos para ver en la oscuridad’, la dramaturga Mariana de Althaus transita hacia la autoficción no solo para relatar –a manera de diario íntimo– su experiencia personal en pandemia, sino también para gatillar reflexiones sobre lo que implican el encierro, la incertidumbre y el miedo, mientras nos amoldábamos a un estado de emergencia interminable.

“Ofrezco un retrato extremo de mí”, asegura (y adjunta pruebas de ello a lo largo de la obra). “Muestro mi experiencia y la mezclo con elementos inventados para ofrecer una metáfora que nos ayude a comprender lo que nos sucedió como peruanos y como seres humanos en una situación de incertidumbre y miedo”.

Este juego de espejos, saltos al pasado y desdoblamientos se enriquece con la notable actuación de Alejandra Guerra, eficiente en involucrar al espectador en el recorrido que propone la obra. Además, los apoyos visuales juegan a favor para dejar en el aire un par de preguntas: ¿dónde está la ficción que ofreció De Althaus?, ¿aquello que en la escena es clandestino ocurrió en la realidad?

«Propongo una metáfora que nos ayude a comprender lo que nos sucedió como peruanos».

‘Trucos para ver en la oscuridad’ se estrenó este fin de semana y estará en cartelera hasta el 17 de julio, de viernes a domingo a las 8:00 de la noche, en el teatro del Centro Cultural PUCP (Av. Camino Real 1075, San Isidro). Las entradas están a la venta en www.ccpucpencasa.com y en la boletería del teatro.

La siguiente es la conversación con la directora, tras la función para la prensa.

¿Cómo conmover al público con una autoficción sobre la pandemia, cuando es muy probable que entre los asistentes haya gente con historias muchos más dramáticas que esta que muestras en la obra?

–Después de lo que hemos vivido con la pandemia, uno de los grandes desafíos que tienen el arte, el teatro, la literatura, es justamente representar, tratar de indagar qué fue lo que nos ocurrió, simbolizar la catástrofe. Y, en mi caso, la herramienta que tenía para tratar de simbolizar todo eso era la especificidad de mi herida, que es pequeña, pero es lo más honesto que tengo. Esa era la forma más honesta que yo tenía para tratar de comprender qué nos sucedió como humanidad y como peruanos.

Pero, pudiste ficcionar la historia de alguien más…

–Jean Luc Godard decía que para hablar de los otros había que tener primero la honestidad y la valentía de hablar de uno mismo. Porque al hablar de uno mismo, los demás se sienten animados, invitados a pensar también en su propia herida. Creo que tenemos mucho trabajo como humanos y, sobre todo, como peruanos para tratar de elaborar todo el daño y el dolor que nos deja esta pandemia.

En hora y media, hemos visto en la práctica dos obras: ‘Trucos para ver en la oscuridad’ y ‘Nina en cuarentena’. ¿No termina siendo Nina el eje de la historia?

–Mira, todos somos Nina, en cierto sentido. ‘Trucos para ver en la oscuridad’ también trata de pensar el teatro como un espacio de resistencia y de simbolización. Y el personaje de Mariana, digamos que soy yo, encuentra en Nina, el personaje de Anton Chejov en La Gaviota, un doble, un espejo, porque es un personaje que resiste, a pesar de la adversidad, y se aferra a su amor por su vocación –que es el teatro– y por la vida.

Y creo que todos hicimos eso, estuvimos en una situación de extrema adversidad. Y, unos con más herramientas que otros, hicimos lo que pudimos para salvar a los nuestros, para salvarnos nosotros mismos, y para rescatar nuestro trabajo.

Entonces, creo que lo hermoso que tiene el teatro –y nos dimos cuenta de ello cuando no lo teníamos– es que nos ofrece esa posibilidad de encontrar espejos, dobles en los cuales mirarnos. Y, de esa manera, nos da la oportunidad también de observarnos a nosotros mismos.

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La obra avanza a manera de un diario personal.

Considerando que esta es una autoficción, ¿estamos frente a un 50-50?

–Puede ser, puede ser. Los porcentajes les encantan a las personas, pero a mí también, ah (sonrisa amplia). Sí, probablemente haya 50 de ficción y 50 de realidad.

Retomando a Godard y la reflexión sobre la honestidad, ¿qué tan veraz es la escena en que el personaje exclama, casi como un pedido de auxilio: “Por favor no dejen que enloquezca”?

–Creo que todos hemos tenido un momento así en estos dos años de pandemia, al menos uno, si no varios, en el que creímos que nos íbamos a derrumbar o que podíamos volvernos locos. Sobre todo, por el miedo a perder a los que queríamos: no solo por lo que podía pasarnos a nosotros, sino por miedo a perder a nuestros padres, a nuestros hijos. Eso es lo peor que nos puede pasar como personas: sentir que podemos perder a los nuestros.

La obra tiene dos referencias directas a momentos clave: las marchas de noviembre del 2020 y el atentado de Sendero Luminoso en Tarata. ¿Cómo manejas el riesgo de que se quiera hacer una lectura solamente política de la obra, es decir, que se le juzgue desde lo políticamente correcto?

–Bueno, tiene que haber una lectura política de la obra. Tiene que haber una lectura política de todas las obras. Es inevitable y hasta me parece necesario. Obviamente es un riesgo, pero si no tomamos ese riesgo, para qué hacer teatro.

El disparador de la historia de Nina es imaginar un mundo sin teatro. ¿Es eso posible: un mundo sin teatro?

–Eso no va a pasar. El teatro ha resistido tantos siglos…

(FIN/Ensayo General)

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Mariana de Althaus y Alejandra Guerra en el teatro del Centro Cultural PUCP.
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