24 de septiembre de 2022
En 2016, María Páucar ganó la Sexta Bienal Intercontinental de Arte Indígena Ancestral. Foto: María Páucar/Facebook.
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María Páucar de Geilich: Lo importante es que la obra de arte robe miradas

Materia, dimensión y significado desde la perspectiva de una artista que logró transitar del periodismo a la escultura.

Crónica: Mariella Checa

Viendo la delicadeza con la que ha combinado láminas de metal con trozos de textiles y pequeñas partes de vegetales, resulta difícil imaginar a la autora de la pieza, cubierta por un mameluco y un casco, operando una enorme motosierra, para convertir un tronco en un monumental símbolo de la Pachamama.

Sin embargo, esa es la versatilidad que caracteriza a la artista moqueguana María Páucar de Geilich, otrora periodista y ahora escultora, que, de esta productiva manera, mantiene firme su vocación comunicadora.

Mientras este texto iba tomando forma, María Páucar brindaba feliz con sus colegas por la misma alegre ocasión que las congregaba: la inauguración de la Exposición Escultórica Colectiva “Tren del Sur”, en el Centro Cultural Casa Basadre, en Tacna.

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«Yo voy al río y saco la piedra», explica la artista. Foto: María Páucar/Facebook.

“Operaria de construcción”

Hacía así un paréntesis en los quehaceres que la tienen ocupada en su natal Moquegua, donde viene dando forma a una obra monumental que la municipalidad de dicha ciudad ha encargado a un equipo de reconocidos artistas locales, a los que, sin embargo, se ha rehusado a contratar bajo ningún otro título que “operarios de construcción civil”.

“Me duele muchísimo trabajar bajo el régimen de este rubro, porque todo es nuevo: entrar a las siete de la mañana, hacer una pausa para el almuerzo; cuatro y media salir; nadie se queda ni un minuto más. ¡Nosotros, los escultores, no tenemos horario! Pero participo en este proyecto con mucho amor, porque la madera que estamos tallando es la de unos árboles que durante más de un siglo dieron sombra en la ciudad”, refiere la escultora.

“Esos árboles se enfermaron y ya no se les podía curar; empezaron a caerse por partes y se convirtieron en un peligro –continúa–. Entonces fueron talados, pero se conservaron los troncos porque esos árboles eran sagrados. Todos hemos jugado alrededor de ellos. Con ese material estamos haciendo un conjunto de tres figuras: una que representa a la Pachamama, al centro, y al costado, una pareja”.

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El tronco se convertirá en un homenaje a la Pachamama. Foto: María Páucar/Facebook.

Tal ritmo de constante producción y exhibición son casi parte de la firma de la artista desde que empezó sus estudios de Escultura en la Escuela Nacional de Arte Carlos Baca Flor, de Arequipa: “Desde el primer día yo me puse a hacer obras”, recuerda, y cuenta que no dormía, en su afán de compensar con trabajo la diferencia de edad que la separaba de sus compañeros y que, según ella, la ponía en desventaja por cuestiones de fuerza física.

Ciertamente, la ahora destacada escultora ya había empezado a recorrer la cuarta década, cuando, fuera de todo plan o pronóstico, decidió iniciarse activamente en las Artes Plásticas. Así, estima en 300 las piezas que ha creado desde el año 2009 hasta ahora, y en 30, las individuales que ya ha montado desde que egresó –en el 2014–, en diversas localidades, dentro y fuera del país.

En tales ocasiones y también en las colectivas en las que participa, exhibe volúmenes, principalmente de piedra y/o madera, que los visitantes no solo pueden tocar y manipular, sino también complementar en significado. “En casi todas mis obras el punto fuerte es el ser humano, la mujer. El mensaje es ‘yo misma soy’. Sin embargo, a veces, a algunas obras les pongo S.T., Sin Título, porque quiero que cuando las miren, digan ‘se parece a…’ la vecina, a sí mismas”, comenta Páucar.

“Además, quiero que mis personajes parezcan misteriosos, que llamen la atención. De repente yo puedo decir que mi obra es la alegría, pero a lo mejor para quien la ve no es la alegría. Lo importante es que el trabajo robe miradas y que la persona que lo observa se sienta parte de la obra”, explica.

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La escultura, un apostolado

Debido a que suele permanecer en las galerías y acompañar a los visitantes en sus recorridos, María se considera “una apóstol de la escultura”, pues armada de las controvertidas palabras del escultor alemán Joseph Beuys –“Todo ser humano es un artista”– y de su propia experiencia, trata de animar a grandes y chicos hacia la creación.

Cuenta a sus oyentes, por ejemplo, que, así como ellos, ella era de las personas que se contentaba con ver y admirar los trabajos de otros y que ahora es feliz cuando le surgen, de a dos en dos, de a cuatro en cuatro, esas ideas que la llevan a darle forma y contenido a insumos que no necesariamente cuesta mucho conseguir.

Aunque ella suele aprovechar cada viaje para abastecerse también de materiales finos, señala que hay otros que es posible simplemente recolectar sin costo, para llenarlos de nuevos significados. “A mí no me van a decir ‘no tengo plata’. Yo voy al río y saco la piedra. Siempre hay lugares, como los basureros de las fábricas o de los supermercados, donde es posible encontrar buenos materiales. La obra con la que gané la Sexta Bienal Intercontinental de Arte Indígena Ancestral, en 2016, solo me costó 20 soles”, revela.

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Inauguración de la exposición “Tren del Sur” en el Centro Cultural Casa Basadre, en Tacna. Foto: María Páucar/Facebook.

Más figuras, más mensajes

“Querer es poder” es, pues, otro de los lemas que guía los pasos de la moqueguana. Y, entre sus argumentos a favor de la práctica del arte, no faltan, por supuesto, las ventajas que la escultura ofrece al hacedor y a su sociedad: “Como es tridimensional, enseña a observar, y en esta capacidad está el triunfo en la vida, porque en lo tridimensional hay más detalles, más figuras, más mensajes”, asegura.

Menciona también la disciplina, en este caso hija de la necesidad de tener el cuidado suficiente para evitar accidentes durante el uso de la fuerza y las herramientas, y no olvida el reconocimiento –para ellos y nosotros, sus descendientes– a nuestros ancestros, en cuya majestuosa arquitectura, viéndola bien, se descubren, reunidas como en un rompecabezas, miles de piezas de exquisito valor individual: «Cada piedra de Machu Picchu es una escultura, por ejemplo», sentencia, amparada en su buen ojo y en su inocultable pasión.

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«Los escultores no tenemos horario», afirma la artista María Páucar de Geilich. Imágenes: María Páucar.

(FIN/Ensayo General)

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